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Verso

Génesis capitulo 42

La Biblia de las Américas

Nueva Biblia de las Américas

Nueva Versión Internacional

Reina-Valera 1960

6Y José era el señor de la tierra, quien le vendía a todo el pueblo de la tierra; y llegaron los hermanos de José, y se inclinaron a él rostro a tierra. 7Y José, cuando vio a sus hermanos, los conoció; mas hizo como que no los conocía, y les habló ásperamente, y les dijo: ¿De dónde habéis venido? Ellos respondieron: De la tierra de Canaán, para comprar alimentos. 8José, pues, conoció a sus hermanos; pero ellos no le conocieron. 9Entonces se acordó José de los sueños que había tenido acerca de ellos, y les dijo: Espías sois; por ver lo descubierto del país habéis venido. 10Ellos le respondieron: No, señor nuestro, sino que tus siervos han venido a comprar alimentos. 11Todos nosotros somos hijos de un varón; somos hombres honrados; tus siervos nunca fueron espías. 12Pero José les dijo: No; para ver lo descubierto del país habéis venido. 13Y ellos respondieron: Tus siervos somos doce hermanos, hijos de un varón en la tierra de Canaán; y he aquí el menor está hoy con nuestro padre, y otro no parece. 14Y José les dijo: Eso es lo que os he dicho, afirmando que sois espías. 15En esto seréis probados: Vive Faraón, que no saldréis de aquí, sino cuando vuestro hermano menor viniere aquí. 16Enviad a uno de vosotros y traiga a vuestro hermano, y vosotros quedad presos, y vuestras palabras serán probadas, si hay verdad en vosotros; y si no, vive Faraón, que sois espías. 17Entonces los puso juntos en la cárcel por tres días. 18Y al tercer día les dijo José: Haced esto, y vivid: Yo temo a Dios. 19Si sois hombres honrados, quede preso en la casa de vuestra cárcel uno de vuestros hermanos, y vosotros id y llevad el alimento para el hambre de vuestra casa. 20Pero traeréis a vuestro hermano menor, y serán verificadas vuestras palabras, y no moriréis. Y ellos lo hicieron así.
Biblia del Jubileo

1Y viendo Jacob que en Egipto había alimentos, dijo a sus hijos: ¿Por qué os estáis mirando? 2Y dijo: He aquí, yo he oído que hay alimentos en Egipto; descended allá, y comprad de allí para nosotros, para que podamos vivir, y no nos muramos. 3Y descendieron los diez hermanos de José a comprar trigo a Egipto. 4Mas Jacob no envió a Benjamín, hermano de José, con sus hermanos; porque dijo: Para que no le acontezca algún desastre. 5Y vinieron los hijos de Israel a comprar entre los que venían; porque había hambre en la tierra de Canaán. 6Y José era el señor de la tierra, que vendía el trigo a todo el pueblo de la tierra; y llegaron los hermanos de José, y se inclinaron a él rostro por tierra. 7Y cuando José vio a sus hermanos, los conoció; mas hizo que no los conocía, y les habló ásperamente, y les dijo: ¿De dónde habéis venido? Ellos respondieron: De la tierra de Canaán a comprar alimentos. 8Y José conoció a sus hermanos, pero ellos no le conocieron. 9Entonces se acordó José de los sueños que había soñado de ellos, y les dijo: Espías sois; por ver lo descubierto de la tierra habéis venido. 10Y ellos le respondieron: No, señor mío; mas tus siervos han venido a comprar alimentos. 11Todos nosotros somos hijos de un varón; somos hombres de la verdad; tus siervos nunca fueron espías. 12Y él les dijo: No; a ver lo descubierto del país habéis venido. 13Ellos respondieron: Tus siervos somos doce hermanos, hijos de un varón en la tierra de Canaán; y he aquí el menor está hoy con nuestro padre, y otro no parece. 14Y José les dijo: Eso es lo que os he dicho, afirmando que sois espías. 15En esto seréis probados: Vive el Faraón que no saldréis de aquí, sino cuando vuestro hermano menor viniere aquí. 16Enviad uno de vosotros, y traiga a vuestro hermano; y vosotros quedad presos, y vuestras palabras serán probadas, si la verdad esta con vosotros; y si no, vive el Faraón, que sois espías. 17Y los juntó en la cárcel por tres días. 18Y al tercer día les dijo José: Haced esto, y vivid. Yo temo a Dios. 19Si sois hombres de la verdad, quede preso en la casa de vuestra cárcel uno de vuestros hermanos; y vosotros id, llevad el alimento para el hambre de vuestra casa; 20pero habéis de traerme a vuestro hermano menor, y serán verificadas vuestras palabras, y no moriréis. Y ellos lo hicieron así. 21Y decían el uno al otro: Verdaderamente hemos pecado contra nuestro hermano, que vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba, y no le oímos; por eso ha venido sobre nosotros esta angustia. 22Entonces Rubén les respondió, diciendo: ¿No os hablé yo y dije: No pequéis contra el joven; y no escuchasteis? He aquí también su sangre es requerida. 23Y ellos no sabían que los entendía José, porque había intérprete entre ellos. 24Y se apartó José de ellos, y lloró; después volvió a ellos, y les habló, y tomó de entre ellos a Simeón, y le aprisionó a vista de ellos. 25Y mandó José que llenaran sus sacos de trigo, y devolviesen el dinero de cada uno de ellos, poniéndolo en su saco, y les diesen comida para el camino; y fue hecho con ellos así. 26Y ellos pusieron su trigo sobre sus asnos, y se fueron de allí. 27Y abriendo uno su saco para dar de comer a su asno, en el mesón, vio su dinero que estaba en la boca de su costal. 28Y dijo a sus hermanos: Mi dinero se me ha devuelto, y aun helo aquí en mi saco. Se les sobresaltó entonces el corazón, y espantados dijeron el uno al otro: ¿Qué es esto que nos ha hecho Dios? 29Y venidos a Jacob su padre en tierra de Canaán, le contaron todo lo que les había acaecido, diciendo: 30Aquel varón, señor de la tierra, nos habló ásperamente, y nos trató como a espías de la tierra: 31Y nosotros le dijimos: Somos hombres de la verdad, nunca fuimos espías. 32Somos doce hermanos, hijos de nuestro padre; el uno no parece, y el menor está hoy con nuestro padre en la tierra de Canaán. 33Y aquel varón, señor de la tierra, nos dijo: En esto conoceré que sois hombres de verdad; dejad conmigo uno de vuestros hermanos, y tomad para el hambre de vuestras casas, y andad, 34y traedme a vuestro hermano el menor, para que yo sepa que no sois espías, sino hombres de la verdad; así os daré a vuestro hermano, y negociaréis en la tierra. 35Y aconteció que vaciando ellos sus sacos, he aquí que en el saco de cada uno estaba el atado de su dinero; y viendo ellos y su padre los atados de su dinero, tuvieron temor. 36Entonces su padre Jacob les dijo: Me habéis privado de mis hijos; José no parece, ni Simeón tampoco, y a Benjamín le llevaréis; sobre mí son todas estas cosas. 37Y Rubén habló a su padre, diciendo: Harás morir a mis dos hijos, si no te lo volviere; entrégalo en mi mano, que yo lo volveré a ti. 38Y él dijo: No descenderá mi hijo con vosotros; que su hermano es muerto, y él solo ha quedado; y si le aconteciere algún desastre en el camino por donde vais, haréis descender mis canas con dolor a la sepultura.

¿Qué significa Génesis capitulo 42?

Génesis 42 comienza con Jacob enviando a sus diez hijos mayores a Egipto para comprar grano para la familia y termina con Jacob negándose a enviar a su hijo menor a Egipto en un segundo viaje que se vieron obligados a hacer.

Una hambruna severa estaba azotando a toda la región, tal y como lo había predicho José (Génesis 41:53–56). Debido a los preparativos que José hizo en Egipto bajo la autoridad del faraón (Génesis 41:46–49), Egipto era el único lugar que tenía grano para su pueblo y sobras suficientes como para vendérselas a aquellos que estaban en peligro de morirse de hambre después de que pasaran dos años sin cosechas. La familia de Jacob estaba en esa misma situación, a punto de morirse de hambre, por lo que Jacob envió a sus diez hijos mayores a Egipto con dinero para comprar algo de grano. Sin embargo, Jacob no envió a su amado hijo menor con ellos, ya que temía que el niño pudiera sufrir algún daño, y Jacob sabía que no podría soportar el dolor de perderlo (Génesis 42:1–5).

Al llegar a Egipto, los hermanos, sin saberlo, se encontraron con su hermano al que vendieron como esclavo en el pasado. De hecho, se inclinaron ante él (Génesis 37:5–10), con la esperanza de poder comprarle algo de grano. Incluso veinte años después de haber sido vendido como esclavo cuando solo tenía diecisiete años (Génesis 37:28), José los reconoció rápidamente. Sin embargo, sus hermanos no lo reconocieron. En ese momento, con casi 40 años, José se había vuelto completamente egipcio en su forma de ser y su apariencia. Los hermanos se quedaron desconcertados por la manera tan dura en la que este gobernante los había tratado. Después de preguntarles deliberadamente de dónde era y por qué habían venido, José los acusó rotundamente de ser espías, y les dijo que habían venido para descubrir las debilidades militares de Egipto y compartir esa información con alguna potencia extranjera (Génesis 42:6–12).

Los hermanos de José entendieron que esta acusación podría provocar que todos fueran a la cárcel e incluso que los mataran. En realidad, no se dieron cuenta de que el gobernador, quien en realidad era José, no tenía la intención de dañarlos. Rápidamente comenzaron a protestar. Ellos eran hombres honestos, gente normal, hermanos mutuos e hijos del mismo padre. Incluso tenían un hermano más en Canaán que se había quedado con su padre y otro hermano que ya no vivía, es decir, el mismo José. Presionándolos aún más, José nuevamente los acusó de ser espías. Entonces, José les ofreció una oportunidad para ganarse su confianza. Uno de ellos debía regresar a Canaán y regresar con su hermano menor. Si se negaran, concluiría "por la vida de Faraón" que habían estado mintiendo y eran verdaderos espías (Génesis 42: 13–16).

Entonces José los metió a todos en prisión por tres días para que pensaran en ello. Quizás José también necesitaba ese tiempo para refrescarse. Después de todo, es probable que no esperara volver a ver a su familia nunca más. Por lo tanto, era totalmente razonable que estuviera enojado, pero los versículos posteriores nos muestran que en realidad no quería vengarse (Génesis 47:11–12). Tres días después, les presentó un nuevo plan. Si acataran esas órdenes, se salvarían. En lugar de retener a nueve de ellos y enviar a uno de regreso, en cambio, se iba a quedar con solo uno de ellos en prisión y enviaría al resto de regreso con sacos llenos de grano. Sin embargo, tenían que regresar con su hermano menor para salvar a Simeón y volver a comprar grano (Génesis 42:17–20).

Los hermanos aceptaron el trato, pero aún así estaban aterrorizados. José les había estado hablando a través de un intérprete, quien aparentemente se había ido de la sala. Asumiendo que José no podía entenderlos, comenzaron a hablar abiertamente entre ellos. Los hermanos comenzaron a hablar con remordimiento sobre lo que estaba sucediendo, y lo relacionaron con el crimen que cometieron cuando vendieron a José como esclavo hacía ya más de veinte años. Con verdadero remordimiento, reconocieron su culpa, expresando que se merecían pasar por ese sufrimiento. José, a quien todavía no habían reconocido, escuchó todo y comenzó a llorar, pero ocultó sus sentimientos para que no supieran quien era. José, aunque se emocionara, continuó con su plan. Entonces, José eligió a Simeón y lo ató delante de ellos (Génesis 42:21–24).

En otro giro inesperado de los acontecimientos, José también ordenó que el dinero de los hermanos se les devolviera en secreto a sus costales junto con el grano; quizás esto se podría entender como una combinación de caridad y otra forma de reprenderlos y ponerlos a prueba. Como no sabían que José era quien lo había organizado todo, al darse cuenta de esto comenzaron a tener muchísimo más miedo del que ya tenían, ya que los egipcios podían estar pensando que habían robado tanto el grano como el dinero (Génesis 42:25–28).

Como era de esperar, Jacob no se tomó bien las noticias, y arremetió contra los nueve por haber perdido primero a José, luego a Simeón, y ahora por esperar a que también tuviera que arriesgar la vida de Benjamín. Perder a Benjamín acabaría con su vida, afirmó Jacob. Por lo tanto, decidió no enviarlo a Egipto. Sin tapujos, Jacob mostró su favoritismo y afirmó que Benjamín era el único hijo de Raquel que le quedaba, frente a los otros nueve hijos que estaban escuchándolo (Génesis 42:29–38).

Sin embargo, la hambruna seguiría afectando la tierra durante algunos años. Jacob pronto se vería obligado a reconsiderar su decisión (Génesis 43:1–2).
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