Capítulo
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Verso

Romanos 8:32

LBLA El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos concederá también con El todas las cosas?
NBLA El que no negó ni a Su propio Hijo, sino que Lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también junto con El todas las cosas?
NVI El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas?
RV1960 El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?
JBS El que aun a su propio Hijo no escatimó, antes lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?

¿Qué significa Romanos 8:32?

En los versículos anteriores, Pablo ha ofrecido una amplia evidencia acerca de una verdad reconfortante. Esta promesa se concentra en cualquier persona que haya aceptado la fe en Cristo. Al igual que con el resto de esta sección de Romanos, el enfoque de Pablo se centra en los efectos que una fe salvadora pude producir, según el plan de Dios (Romanos 3:23–26; Juan 3:16–18).

Esta profunda verdad es que el creador del universo está ahora mismo a nuestro favor, a favor de los cristianos que se han salvado porque estamos en Cristo. Dios está cumpliendo Su propósito final para nosotros, que es hacernos como Cristo. Dios nos ha predestinado, llamado, justificado y nos acabará glorificando.

Es posible que un creyente no esté convencido del hecho de que Dios pudiera estar a nuestro favor. Esto es más probable cuando nos enfrentamos a cosas difíciles en la vida, o a nuestra propia pecaminosidad, o simplemente a una falta de conexión con Dios. Para combatir este desánimo, Pablo proporciona la evidencia definitiva: ¡Dios no escatimó ni a su propio Hijo! Dios el Padre sacrificó a su Hijo justo y sin pecado, Jesús, para pagar el precio de la pena por nuestros pecados. Dios lo entregó por todos nosotros debido al amor que siente por nosotros (Romanos 5:8; Juan 3:16). Ahora Pablo nos pide que nos convenzamos. Si Dios hizo eso por nosotros, ¿cómo podríamos pensar que Él no está a nuestro favor? Para enfatizar más este asunto, si Él no escatimó a su propio Hijo, ¿cómo sería posible que Dios no nos diera todas las cosas junto con su Hijo?

Lo que Dios nos da no se trata de lo que le hemos dado, ni tampoco se trata de nuestro pecado o falta de pecado. El Dios que está a nuestro favor, que nos ama, nos da todas las cosas buenas basándose únicamente en Su propia bondad y no en la nuestra. Éstos son verdaderos regalos que Dios nos ofrece.
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