Verso

1 Pedro 1:8

LBLA a quien sin haberle visto, le amáis, y a quien ahora no veis, pero creéis en El, y os regocijáis grandemente con gozo inefable y lleno de gloria,
NBLA a quien sin haber visto, ustedes Lo aman, y a quien ahora no ven, pero creen en El, y se regocijan grandemente con gozo inefable y lleno de gloria,
NVI Ustedes lo aman a pesar de no haberlo visto; y, aunque no lo ven ahora, creen en él y se alegran con un gozo indescriptible y glorioso,
RV1960 a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso;
JBS al cual, no habiendo visto, le amáis; en el cual creyendo, aunque al presente no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorificado;

¿Qué significa 1 Pedro 1:8?

El cristianismo –nuestra fe en Cristo, el Hijo de Dios– no se trata de un proceso, un sistema o una filosofía, ni tampoco es una forma de ver el mundo ni de mejorar como seres humanos, sino que se trata de una persona, se trata de confiar y amar a una persona.

Pedro estuvo con Jesús y Jesús mismo fue quien le enseñó todo lo que sabía. Pedro conoció y amó a Cristo en la Tierra en Su forma humana y en el cielo, todo ello basándose en los tres años que pasó junto a Él en este lado de la eternidad. Pedro vio a Jesús vivo después de haberlo visto morir. La gran mayoría de los creyentes que leyeron la carta de Pedro no tuvieron la oportunidad de ver al Mesías con sus propios ojos. Pedro parece maravillarse del hecho de que creían y amaban a Cristo sin haberlo visto. Tal vez Pedro estaba recordando lo que escuchó a Jesús decirle a Tomás, quien creyó que la resurrección había ocurrido únicamente después de haber visto y tocado personalmente las heridas de Jesús: "Tomás, has creído porque me has visto. Bienaventurados los que no vieron y creyeron" (Juan 20:29).

Tal y como ocurre en el versículo 6, Pedro asume que una fe y un amor tan concretos y reales resultan en que los cristianos sientan un verdadero regocijo en su interior. La fe salvadora en Cristo trae consigo un gozo que no se puede expresar con palabras. Es un gozo que está lleno de gloria, el cual nos ayuda a meditar en el futuro que nos espera con Cristo en nuestro presente. De nuevo, podemos ver que la decisión de regocijarnos, incluso en medio de nuestras pruebas, es un acto de fe. Por tanto, no se requieren sentir grandes emociones, aunque ciertamente sí que podemos sentirlas. El gozo fluye de la confianza que tenemos en Cristo, y de la manera en que lo amamos.
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