Verso

1 Pedro 1:19

LBLA sino con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha, la sangre de Cristo.
NBLA sino con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha: la sangre de Cristo.
NVI sino con la preciosa sangre de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin defecto.
RV1960 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación,
JBS sino con la sangre preciosa del Cristo, como de un Cordero sin mancha y sin contaminación,

¿Qué significa 1 Pedro 1:19?

En el versículo 19, Pedro continúa el pensamiento que inició en el versículo 18. Pedro está demostrando que Dios valora mucho a sus hijos, los cristianos, y esto se puede medir gracias al precio que estuvo dispuesto a pagar. Dios hizo un gran sacrificio para pagar por el precio de nuestros pecados, y para que pudiéramos formar parte de Su pueblo. Pedro ya ha demostrado que Dios no pagó por nosotros con una moneda puramente humana hecha de plata u oro, ya que nuestro valor no se puede medir por peso o con dinero. En cambio, en el versículo 19, Pedro dice que fuimos redimidos gracias a algo que seguirá teniendo valor incluso mucho tiempo después de que las economías de este mundo hayan desaparecido completamente.

Nuestro Padre nos compró con la sangre de Cristo. Dios valora nuestras vidas tal y como valora la vida misma de Su "Hijo unigénito" (Juan 3:16). Pedro dice que Cristo es como un cordero que no tiene mancha ni ningún tipo de contaminación. Sus lectores judíos, especialmente aquellos que crecieron participando en el sistema de sacrificios, habrían entendido inmediatamente esta referencia. De hecho, muchos de ellos sabían y recordaban la manera en que mataban a un cordero sin defectos una vez al año, creyendo que su sangre estaba siendo derramada para cubrir sus pecados por un tiempo.

Debido a que Jesús es el Hijo de Dios y vivió una vida perfecta y sin pecado, la vida de Jesús (Su sangre) tiene tal valor que pudo convertirse en la ofrenda final que se requería bajo el sistema del Antiguo Pacto. Por tanto, ya no se necesitan más sacrificios de animales para cubrir temporalmente el pecado humano (Hebreos 9–10). En cambio, Dios Padre pagó el precio máximo para así poder redimirnos, dándole un valor ilimitado a la vida de todas las personas del mundo, vidas cuyo valor no era muy alto debido a que todos nosotros estábamos sumidos en un bucle sin sentido que irremediablemente nos iba a llevar hacia la muerte. Por tanto, Dios les permite salir de ese bucle a las personas que ponen su fe en Cristo.
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