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Apocalipsis 22:8

LBLA Yo, Juan, soy el que oyó y vio estas cosas. Y cuando oí y vi, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostró estas cosas.
NBLA Yo, Juan, soy el que oyó y vio estas cosas. Y cuando oí y vi, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostró estas cosas.
NVI Yo, Juan, soy el que vio y oyó todas estas cosas. Y, cuando lo vi y oí, me postré para adorar al ángel que me había estado mostrando todo esto.
RV1960 Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas. Y después que las hube oído y visto, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostraba estas cosas.
JBS Yo Juan soy el que ha oído, y visto estas cosas. Y después que hube oído y visto, me postré para adorar delante de los pies del ángel que me mostraba estas cosas.

¿Qué significa Apocalipsis 22:8?

Este es otro caso curioso en el que Juan aparentemente comete el error de intentar adorar a un ángel (Apocalipsis 19:10). Ya sea que se trate de un error de identidad o de un simple error, el ángel lo corrige rápidamente (Apocalipsis 22:9). Juan sabía que el primer mandamiento prohibía adorar a cualquier persona o cosa que no fuera Dios. Debería haberse dado cuenta (o recordado) de que adorar a un ángel es pecado. Sin embargo, ya sea por conmoción, confusión o simplemente por estar completamente abrumado por todo lo que había visto, estaba dispuesto a adorar al ángel que le mostró todas las escenas del Apocalipsis. Una posible explicación para esto es que Juan confundió las palabras del versículo 7 con las palabras del ángel: podría haber pensado que el "vengo pronto" significaba que Jesús había tomado la forma de ese ser mientras hablaba con Juan.

Los autores rara vez revelan sus faltas, especialmente cuando se están inventando historias. Sin embargo, Juan admitió este error, lo cual añade credibilidad a lo que escribe en este libro. Los autores bíblicos, tales como Juan, escribieron sobre sus pecados a pesar de correr el riesgo de que los demás los criticaran y de acabar pensando mal de ellos. Por ejemplo, Moisés admitió que no quería representar a Dios ante el faraón, porque dijo que no podía hablar y le pidió a Dios que enviara a otra persona (Éxodo 4:10–13). El rey David cometió adulterio y asesinato, pero, después de ocultarlo por un tiempo, escribió sobre lo que había hecho y se lo confesó a Dios (2 Samuel 11:2–27; Salmo 51). Esto es una prueba de la inspiración bíblica: el hecho de que los autores de las Escrituras decidieran poner al descubierto todos sus pecados.
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