¿Qué significa Apocalipsis capitulo 7?
La escena que se nos describe en este pasaje parece ocurrir entre la apertura del sexto y séptimo sello que cerraban el libro que Juan vio en el capítulo 5.Durante su primera visión, Juan vio a una serie de ángeles a los que se les ordenó detener los vientos de la Tierra. Simbólicamente, esto se refiere a que Dios dejará de enjuiciar la Tierra por un tiempo. Hay escrituras, como Jeremías 49:36, que nos describen el juicio de Dios haciendo referencia al viento. El propósito de esta demora, al parecer, es permitir que los 144.000 siervos de Dios sean sellados. Tal y como se verá más adelante (Apocalipsis 13:15–18), la "marca de la bestia" contrastará marcadamente con el sello que Dios les pone aquí a Sus elegidos (Apocalipsis 7:1–3).
Estos 144.000 pertenecen a las doce tribus de Israel, y habrá doce mil de cada tribu. Jacob tuvo doce hijos de los cuales se originaron las doce tribus de Israel. En la Tierra Prometida, cada una de las tribus recibió una herencia, excepto la tribu de Leví, cuya herencia fue el Señor. La tribu de José se dividió en dos, una para cada uno de sus hijos (Manasés y Efraín), y cada uno de ellos recibió una herencia. En la lista de los sellados que aparece en Apocalipsis, se menciona la tribu de Leví, y también se mencionan la tribu de Manasés y la de José (la cual incluye la de Efraín). Algo curioso es que se excluye a la tribu de Dan, y hay varias teorías para explicarlo. Algunos sugieren que el falso profeta de Apocalipsis puede ser de la tribu de Dan. Otros piensan que Dan será quien lleve a Israel hacia la idolatría debido a que se quedará fuera de los 144.000 (Jueces 18:30–31). Aunque la tribu parece no recibir el sello de Dios, otros libros proféticos sí dejan claro que los miembros de la tribu de Dan alcanzarán la salvación y recibirán una porción de tierra en el reino milenial (Ezequiel 48:2). Aunque la humanidad ha perdido la cuenta de qué personas son miembros de qué tribus, Dios lo sabe todo (Apocalipsis 7:4–8).
Durante la siguiente visión, Juan vio a una asombrosa cantidad de personas, de todas las razas, etnias e idiomas, vestidas de blanco alabando a Dios, lo cual nos deja claro que Dios ama a todas las personas y la unidad esencial de la humanidad. A pesar de los esfuerzos que se hacen por dividir a la humanidad en función de su apariencia o herencia, las Escrituras nos dejan claro que todas las personas, de todas las tribus e idiomas, estarán representadas dentro del plan eterno de salvación de Dios. Un anciano anónimo define a estos santos vestidos de blanco y dice que son aquellos que se han escapado de la gran tribulación, la segunda mitad del período de siete años que cerrará la historia antes de la llegada del reino milenial (Apocalipsis 7:9–17).
Después de este interludio, la visión de Juan continuará con la apertura del séptimo sello, el cual representa la siguiente fase del plan de Dios: los juicios de las "trompetas".