¿Qué significa Apocalipsis capitulo 10?
Este capítulo es muy breve y representa un interludio que sitúa entre los juicios de la sexta y la séptima trompeta. Este interludio consta de dos eventos principales. Aquí, en el capítulo 10, Juan ve a un "ángel fuerte" y recibe la orden de comerse simbólicamente un libro pequeño. Al comienzo del capítulo 11, Juan recibe la orden de medir ciertas partes del templo y es testigo de muchas más profecías que se cumplirán durante el fin de los tiempos.Este capítulo comienza describiendo a un "ángel fuerte" que tiene en su mano un "librito", distinto del libro del de Dios descrito en el capítulo 5. Basándose en este pasaje, algunos intérpretes creen que el "ángel fuerte" es en realidad Jesucristo. Otros sugieren que el "ángel fuerte" es el arcángel Miguel. En ambos casos, este ser grita y provoca un sonido similar a "siete truenos" (Apocalipsis 10:1–3).
Después de esto, ocurre algo poco común: Dios le ordena explícitamente a alguien (en este caso, a Juan) que no revele nada de lo que ha visto y oído. Cualquiera que fuera el mensaje de la voz de los siete truenos, esa información no debía incluirse en los escritos de Juan. Este es un recordatorio importante: Dios es el único que sabe todo lo que ocurre y ocurrirá. Por tanto, no estamos destinados a saber todas las cosas, y tampoco podemos afirmar saberlo todo, ni acerca del fin de los tiempos ni sobre ningún otro tema (Apocalipsis 10:4).
Este pasaje también nos recuerda que Dios, en la actualidad, está restringiendo la influencia del mal (2 Tesalonicenses 2:7) y restringiendo la severidad de Su juicio (Apocalipsis 7:1–3). Dios es paciente por el bien de nuestra salvación (2 Pedro 3:9). Sin embargo, en algún momento durante el fin de los tiempos, Dios ya no se contendrá más y no habrá más demoras: las catástrofes de la gran tribulación se sucederán según su propia línea de tiempo "natural". Por tanto, llegará un momento en que Dios pondrá fin a la restricción y la paciencia que Dios siempre ha tenido sobre mal (Apocalipsis 10:5–7).
Juan recibe entonces una orden altamente simbólica: comerse el librito que sostiene el ángel poderoso, lo cual nos recuerda a una orden similar que recibió Ezequiel (Ezequiel 2—3). Al principio, la palabra de Dios es "dulce", porque sabemos que viene directamente de Dios, y Su mensaje final es uno de reconciliación y paz. Sin embargo, el proceso que la humanidad debe experimentar para alcanzar esa paz trae consigo juicio, caos y muerte. Esta es la "amargura" que viene de predicarle un evangelio "dulce" al mundo: saber que quienes rechazan a Dios tendrán que enfrentarse a Su terrible ira. Como parte de esta amarga obligación, Juan recibe la orden de seguir registrando profecías sobre muchos otros acontecimientos que se desarrollarán en el futuro (Apocalipsis 10:8–11).