Verso
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Apocalipsis 9:18

LBLA La tercera parte de la humanidad fue muerta por estas tres plagas: por el fuego, el humo y el azufre que salían de sus bocas.
NBLA La tercera parte de la humanidad fue muerta por estas tres plagas: por el fuego, el humo, y el azufre que salían de sus bocas.
NVI La tercera parte de la humanidad murió a causa de las tres plagas de fuego, humo y azufre que salían de la boca de los caballos.
RV1960 Por estas tres plagas fue muerta la tercera parte de los hombres; por el fuego, el humo y el azufre que salían de su boca.
JBS De estas tres plagas fue muerta la tercera parte de los hombres: del fuego, y del humo, y del azufre que salían de la boca de ellos.

¿Qué significa Apocalipsis 9:18?

Durante los versículos anteriores, Juan nos describió a un ejército de doscientos millones de jinetes, el cual fue desatado junto a cuatro ángeles cuyo objetivo era causar toda esta destrucción (Apocalipsis 9:13–17). Algunos piensan que la manera en que Juan nos describe lo que vio, incluidas las referencias que hace sobre el fuego y al azufre que salían de sus "bocas", es un intento de describir una guerra moderna, teniendo en cuenta que Juan nunca había visto algo así en toda su vida, quizás solo catapultas y ballestas gigantes. Otros piensan que es mejor interpretar esto como si fuera una fuerza sobrenatural o literalmente demoníaca. Juan dice en este versículo que el fuego, el humo y el azufre de la boca de los caballos mataron a un tercio de la humanidad. Por tanto, combinada con la muerte de una cuarta parte de la humanidad que ocurrió antes que esto (Apocalipsis 6:7–8), la tribulación habrá eliminado a la mitad de la población de la Tierra.

La idea de que un ejército pudiera utilizar humo y fuego como armas tiene sentido. La inhalación de humo y el fuego pueden matar a las personas, al igual que los vapores que surgen cuando se quema de azufre. Todo esto nos recuerda a la destrucción de Sodoma y Gomorra. El Señor hizo llover sobre ellos azufre y fuego (Génesis 19:24). Todos los residentes de esas ciudades fueron destruidos excepto Lot, su esposa y sus dos hijas (Génesis 19:25; 2 Pedro 2:7). 2 Pedro 2:6 dice: "Dios también condenó a la destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, y las redujo a cenizas, para que sirvieran de escarmiento a los futuros impíos". Por tanto, durante la tribulación, los incrédulos sufrirán algo similar cuando el fuego, el humo y el azufre comiencen a salir de las bocas de los caballos del ejército invasor.

Algunos intérpretes dicen que los juicios de la quinta y la sexta trompeta no afectaran a las personas que lleguen a la fe en Cristo después del rapto. El ejército de langostas que se mencionó anteriormente en este capítulo solo podía atacar a los incrédulos. Sin embargo, no hay ninguna mención específica de que los cuatro ángeles (Apocalipsis 9:14) o el ejército masivo (Apocalipsis 9:15–16) tuvieran tal restricción. Las personas que piensan que Dios salvará a los creyentes de todo este sufrimiento hablan sobre la manera en que Dios protegió al pueblo de Gosén cuando Dios desató las plagas sobre Egipto (Éxodo 9:22–26; 11:4–7).
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