Verso
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Apocalipsis 16:9

LBLA Y los hombres fueron quemados con el intenso calor; y blasfemaron el nombre de Dios que tiene poder sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria.
NBLA Y los hombres fueron quemados con el intenso calor. Blasfemaron el nombre de Dios que tiene poder sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria a El.
NVI Todos sufrieron terribles quemaduras, pero ni así se arrepintieron; en vez de darle gloria a Dios, que tiene poder sobre esas plagas, maldijeron su nombre.
RV1960 Y los hombres se quemaron con el gran calor, y blasfemaron el nombre de Dios, que tiene poder sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria.
JBS Y los hombres se inflamaron con el gran calor, y blasfemaron el nombre de Dios, que tiene potestad sobre estas plagas, y no se enmendaron para darle gloria.

¿Qué significa Apocalipsis 16:9?

Este versículo continúa describiéndonos lo que ocurre después de que el ángel derrame la cuarta copa de la ira de Dios sobre el sol. De hecho, se vuelve tan intenso que la gente comienza a quemarse. Uno solo puede imaginarse lo que ocurrirá en un mundo que ya haya sido devastado por todos los juicios anteriores cuando el sol comience a quemarlo.

Sin embargo, el calor abrasador tampoco les ablandará los corazones de los malvados. En lugar de volverse a Dios en arrepentimiento, volverán a blasfemarlo. Todos ellos reconocen que Dios tiene el poder de enviar esas plagas, pero lo maldicen por haberlas enviado, se niegan a humillarse, y se niegan rotundamente a arrepentirse y a darle toda la gloria. La reacción de los malvados durante el juicio de Dios contradice la noción de que el hombre será capaz de crear un mundo perfecto por sí solo. Durante la tribulación, la maldad de las personas llegará hasta tal punto que el mundo elegirá desafiar a Dios incluso sabiendo que Él los está juzgando debido a su maldad. Romanos 1:18 dice: "la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad y maldad de quienes injustamente retienen la verdad".

Este versículo también respalda una verdad importante en la que la Biblia hace hincapié a menudo, que la humanidad no tiene a nadie a quien culpar por haber rechazado a Dios, sino que debe culparse a sí misma. En realidad, no importa cuántas pruebas o evidencia tengan sobre Dios, las personas que quieren rechazarlo siempre encontrarán una manera de hacerlo. Ya sea a través de excusas, autoengaños o un odio descarado. Por tanto, lo único que impide que las personas encuentren a Dios es su propio pecado.
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